Durante 12 años he sido agrupado mariano. Ésa ha sido mi identidad. Y es que ser un agrupado mariano del Movimiento de Vida Cristiana define todo un estilo de vida. Luego la vida, conducida amorosamente por Dios, me ha convertido en un miembro de Familia de Nazaret, junto a mi esposa bella.
Son tantas las vivencias como agrupado, y es tan interesante el proceso de transición, que quiero plasmar algunas de ellas en papel, aunque sea electrónico.
Desde el comienzo de mi vida emevecista siempre me sentí orgulloso de ser agrupado, porque es evidente que las Agrupaciones Marianas son el motor visible del MVC. Lucas en una plática nos llamó "los pulmones del Movimiento". Esto porque es innegable que el abanico de funciones apostólicas y organizativas que un agrupado puede asumir es inmenso.
Y yo he tenido una vida de agrupado muy bonita, por bondad de Dios y de la Madre. Mi vida en la Familia Sodálite ha transcurrido siempre en un centro apostólico concreto, en un barrio. Nunca salí de ahí, y eso tuvo sus pros y sus contras. Entre aquéllos están que me entregué a un lugar concreto (Santa Felicia y Covima: Cristo Reconciliador) con todo lo que yo tenía, y lo llevaré en mi corazón por siempre, con las satisfacciones y aprendizajes que tal experiencia me brindó; entre los contras destaca el que limité en parte mi conocimiento de otras personas y realidades del Movimiento. Pero el balance es netamente positivo. Le doy gracias a Dios y a la Madre por la bendición hermosa de vivir en y para el Centro Cristo Reconciliador.
Lugar privilegiado en mi vida de agrupado está el trabajo junto a los sodálites sacerdotes que se hicieron cargo de las capillas de la Parroquia que quedan en el territorio de nuestro Centro. Lo que viví y aprendí junto a los padres Héctor, Juan Carlos Quiñe, y Jorge, ha marcado y sellado mi psicología y mi espíritu. Fueron años de aprender de ellos, de ayudarlos en todo lo que estuviera a mi alcance, de trabajo arduo (muy arduo) por la Parroquia, de alegrarme y de sufrir en esas tareas ... En fin, palabras me faltan para expresar cuánto le agradezco a Dios y a estas tres personas que Él puso en mi camino por haberme ayudado a crecer en mi vida cristiana. Digo sin reparos que, sin ese trabajo junto a ellos, mi personalidad ahora presentaría más trabas y deficiencias, y mi camino hacia Dios estaría algo retrasado. Mi esposa y mi hijo(a) también les deben gratitud por ello. Esta experiencia es quizás el tesoro más grande que mi corazón guarda de este periodo mío como agrupado mariano.
Fue como agrupado que hice mi carrera, busqué y encontré trabajo, encontré mi vocación, me enamoré, etc. Siempre como agrupado mariano, tratando de ser fiel a este asociación dentro de nuestra espiritualidad sodálite. Como agrupado es que vi partir a seres muy queridos (mi padre, mi amiga Roxana, Germán, etc.).
Más tarde vinieron otras responsabilidades en el mismo centro apostólico. Y llegó una nueva responsabilidad que decidí asumir: ser Encargado del MVC en una provincia. Asumí el MVC Huánuco. Ésta es una vivencia que estoy aprendiendo a manejar, pues para mí es todo un reto personal. Lo digo porque ser un líder apostólico requiere unas cualidades que yo poseo en poca medida, pero que me estoy esforzando por aumentar, junto a las que ya poseo más. Con la gracia de Dios estoy avanzando. Y con esto quiero decir que es una instancia para mí de muerte para la vida. Bendito sea Dios.
Es en ese contexto que hago mi tránsito a Nazaret, previo paso por Grupo de Novios. Obviamente hay otros detalles del entorno, pero sólo puedo mencionar los principales.
Cuando empiezo a asimilar que mi vida está cambiando, me pregunto: "¿seguiré siendo agrupado?", y me di cuenta de que no podría. Y no porque al casarse uno está obligado a ser Nazaret, de ninguna manera, sino porque:
- la instancia comunitaria de pareja se hacía indispensable para Karin y para mí, encontramos en ella una fuente hermosa de amistad en torno al Señor que respondía concretamente a nuestra nueva realidad.
- no había tiempo para dos reuniones de grupo a la semana, asumiendo que yo deseara seguir yendo a mis reuniones de agrupación.
Así que la decisión cayó sola: era tiempo de decirle Adiós a la agrupación y pasar a las filas de Familia de Nazaret.
Mis sensaciones eran más o menos: deseo de que todo siga igual (mis amigos, mi apostolado, mis horarios); pena por dejar de ser un pulmón; temor de desaparecer de la vida apostólica de nuestro Movimiento; poco afecto emotivo a Nazaret; etc. Y pienso que son sensaciones humanas muy naturales, pero no eran las mejores para alguien que quiere ser otro Cristo. Por eso me esfuerzo por colaborar con la gracia para que Karin y yo seamos unos miembros de Nazaret muy identificados con nuestro nuevo estado de vida y con esa asociación emevecista; ambos nos esforzamos por ser Nazarets santos. Entendemos que Dios nos ha traído amorosamente aquí, y que son nuevas luchas las que Él nos plantea. Entendemos que en Nazaret nos vamos a realizar con nuestros amigos (a quienes queremos muchísimo). Entendemos que nuestro apostolado cambiará de acuerdo a lo que Dios nos pida. (Por lo pronto, en este tema, yo me mantengo como Encargado de Huánuco, mientras se pueda; con el deseo de que, pase lo que pase, siempre haremos un apostolado activo, grande o pequeño, en nuestra Familia Sodálite.)
Después de 12 años como agrupado, la transición se está haciendo más llevadera, y el deseo de insertarnos plenamente en nuestra nueva asociación, es fuerte y hermoso. Benditos sean Dios y Santa María que nos regalan esta hermosa instancia. Que ellos nos bendigan siempre para ser siempre fieles y disponibles a su Plan.
miércoles, febrero 09, 2005
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)

4 comentarios:
Publicar un comentario